.: Sobre 1999, alias Francine:.
El maestro de engranajes veía salir de la factoría miles de autómatas a diario. Estaban hechos en serie, una base común para todos ellos. Antes de llegar a su destino, el producto semi-acabado se trasladaba a pequeñas sucursales donde era programado y sometido a un proceso de mejora de la apariencia exterior. A continuación, cada lote de 2000 unidades era dividido y clasificado según su programa. Cada una llevaba el número de serie del lote grabado en el interior de la cabeza: iban del 0 al 1999. La primera unidad de cada lote era separada del resto y almacenada para futuras referencias porque cada lote se fabricaba usando un molde nuevo ( éstos no aguantaban más de 2000 copias ). Finalmente, el producto acabado era servido a las tiendas en unidades individuales embaladas convenientemente.
Los autómatas de servicio habían gozado de gran popularidad en los últimos años. No obstante, el maestro de engranajes no compartía esa euforia generalizada. Aunque los consideraba muy útiles, sentía que eran demasiado impersonales y que tenían un gran potencial totalmente desaprovechado. Hacer que tuvieran aspectos diferentes y movimientos menos “mecánicos”, más similares a las personas habría salido muy caro a la factoría. Intentar ir más allá era simplemente impensable. En esos momentos sólo les interesaba vender barato y en grandes cantidades a las multitudes que acudían a las tiendas especializadas.
El maestro de engranajes había participado en el proyecto desde el principio y se sentía muy desilusionado con “el producto acabado”, tal como lo llamaba la factoría. Para él siempre había sido mucho más que eso y lo consideraba bastante menos que “acabado”. De hecho, había elegido esa profesión para poder dedicarse plenamente al desarrollo y perfeccionamiento de ese tipo de autómata que lo fascinaba desde su infancia, pero nada estaba saliendo según sus planes.
Al cabo de 5 años, los biodroides lanzados por la competencia empezaron a ponerse de moda. Todos eran diferentes, ya que para conseguir cualquier cambio exterior sólo tenían que modificar ligeramente la cadena genética. Todo estaba muy estudiado y los nuevos biodroides causaban furor por su aspecto y movimientos humanos, y también por el escaso mantenimiento que necesitaban. Realmente podían llevar una rutina casi igual a la de sus orgullosos propietarios, lo que facilitaba mucho la convivencia.
Las ventas de autómatas de la factoría bajaron en picado en sólo unos pocos meses. El maestro de engranajes vio entonces la oportunidad de dar un giro a la situación y cumplir su ilusión. Planteó su ambicioso proyecto a la factoría. Si se podía llevar a cabo, podrían incluso competir con los biodroides, ya que su diseño era tremendamente avanzado y parecido a un humano. Además el mantenimiento se reducía considerablemente. Lejos de aceptar el proyecto, la factoría decidió abortar completamente la línea de autómatas de servicio porque ya no era rentable, y siguió fabricando maquinaria diversa.
El último lote de autómatas de servicio se fabricó ese mismo mes, pero no salió de la fábrica con 1999 unidades. Sólo tenía 1998.
El maestro de engranajes abandonó la factoría poco tiempo después y nadie volvió a oír hablar nunca de él.